La espera de años terminó con un estruendo que aún resuena en la memoria de los fanáticos. El pasado miércoles 13 de mayo, el Jockey Club Paraguayo se transformó en el epicentro de la fuerza bruta y la catarsis emocional con el regreso triunfal de Korn a Paraguay. Con un despliegue técnico impecable y la energía intacta que los caracteriza, los padres del nu metal ofrecieron un espectáculo que cumplió con creces las expectativas de una audiencia que agotó sectores y vivió la experiencia con una intensidad frenética.
Una puesta en escena inolvidable
Desde que Jonathan Davis pisó el escenario, la atmósfera cambió por completo. La banda recorrió su trayectoria con un setlist que equilibró la furia de sus inicios con himnos generacionales. Los riffs de Munky y Head se sintieron como martillazos en el Jockey Club, mientras la base rítmica de Ray Luzier y Fieldy (a través de la potencia de su bajo) mantuvo al público en un estado de ebullición constante. El momento cúspide, como era de esperar, llegó con “Blind” y el cierre demoledor con “Freak on a Leash”, convirtiendo el campo en una marea humana.

El respaldo local: Los teloneros de la velada
Antes de que los californianos tomaran el escenario, la escena local con NHANDEI ZHA tuvo su espacio de protagonismo, preparando el terreno con la energía necesaria para una jornada de alto voltaje.

Seven Hours After Violet
El encargado de romper el hielo fue la banda Seven Hours After Violet se destacó por una propuesta de metal moderno que conectó rápidamente con los seguidores que iban llegando temprano al predio, dejando el ambiente bien caldeado para lo que vendría.

SPIRITBOX
Posteriormente, SPIRITBOX tomó las riendas. Con un sonido más cargado de potencia y distorsión, la banda demostró el gran nivel de producción, logrando una respuesta masiva del público presente y consolidándose como el puente perfecto hacia el show principal de la noche.

Un hito para la agenda rockera nacional
El concierto del 13 de mayo no solo significó el reencuentro de Korn con sus fans paraguayos; fue una demostración de que Paraguay sigue siendo una plaza vital para el metal internacional. Entre juegos de luces estroboscópicas, el icónico pie de micrófono de Davis y un sonido que no tuvo nada que envidiar a las grandes giras mundiales, Asunción ratificó una vez más su lugar en el mapa de las grandes producciones.

























